Rezaba el lema de una campaña de tráfico: un poquito de por favor. Tomémosla prestada con un ligero cambio: un ‘poquito’ de ética, por favor. Y sustitúyase ética por moral o humanidad, es indiferente. Esta mañana tras el encierro de los San Fermines, los medios de comunicación informaban de la muerte de un joven madrileño cogido por una de las reses durante el recorrido. La cornada fue tan grave que los servicios sanitarios no pudieron hacer nada. Daniel Jimeno se convertía en la decimoquinta víctima de los encierros pamploneses que se celebran desde 1922.
Los servicios sanitarios no pudieron hacer nada pero los medios de comunicación sí. En Internet o en televisión los redactores jefes o los directores han apostado por utilizar el material audiovisual existente sin pararse a pensa por un momento en los posibes espectadores.
Desde primera hora en Internet y desde mediodía en los informativos de las televisiones los ciudadanos merecían ser informados. Pero sólo eso: informados y no ‘torturados’ como muchos nos hemos sentido. Sí, han decidido que con la imagen de la cogida no era suficiente, y han decidido retransmitir una cronología audiovisual de la muerte del joven.
Y yo me pregunto, ¿esto era absolutamente necesario?, informativamente creo que no. Esa ‘snuff movie’ no tenía ningún sentido excepto el del puro morbo. También me pregunto que se le ha pasado por la cabeza a aquellos que toman las decisiones en los medios de comunicación para elegir el material.
A lo largo de la historia hay numerosos documentos audiovisuales que por su crudeza sirvieron como denuncia o cambio de una determinada situación. Es histórico el vídeo en el que dos niñas vietnamitas corren con el cuerpo repleto de quemaduras, después de que su pueblo fuera bombardeado por el ejército norteamericano con ‘nápalm’. Reflejaban la barbarie de una guerra y supuso que muchos estadounidenses tomaran conciencia de las atrocidades que allí se estaban llevando a cabo.
Pero... ¿en que variará un acontecimiento como los San Fermines después de emitir las imágenes posteriores a la cogida de Daniel Jimeno?, pues eso en nada. Sólo con pensar que alguien de su familia pueda ver esas imágenes, cualquiera con un punto de ética, moral o humanidad se le quitarían las ganas de emitirlas. Pero parece que no es el caso.
Sólo cabe esperar un cierto grado de ética por parte de los que deciden en los medios escritos para que mañana ningún ciudadano y menos aún, familiares o amigos de Daniel, tengan que visualizar, mañana, en las portadas la imagen más desagradable de los San Fermines.