
Un zumbido en los oídos, los latidos del corazón acelerados y el griterío del público aún presente en los tímpanos, no esperaba menos tras salir por la puertas del Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid. Los culpables de esas sensaciones se hacen llamar Rammstein y llevan quince años demostrando su furia y ‘brutalidad’ musical sobre los escenarios. El grupo alemán ofreció lo que se esperaba de ellos en su visita a la capital.
La banda reaparecía con su nuevo disco ‘Liebe ist für alle da’ (El amor es para todos), que salió a la venta el pasado mes de octubre. Llevaban cuatro años sin presentar novedades desde el estudio y ha sido un trabajo esperado por sus seguidores. Lo más reciente y las canciones, convertidas ya en clásicos del grupo, como Engel, Stripped o Du Hast, convencieron a las quince mil ánimas que reunieron.

Seguidor o no de Rammstein, lo que es indudable es que la asistencia a uno de sus directos no deja indiferente. Letras en alemán con la voz cavernosa de Till Lindermann, graves y agudos elevados a la máxima potencia y la continua presencia del fuego convierten cada una de sus canciones en un verdadero espectáculo.
Musicalmente los germanos combinan sintetizadores con un metal industrial y gótico que les permite obtener un sonido y un estilo propio capaz de enganchar a diferentes tribus urbanas. Y por supuesto, no faltó el fuego, las bombas y la pirotecnia.

En una puesta en escena tan cuidada en la que nada queda al azar, las llamas se convierten en un elemento esencial en los directos de Rammstein. Por arriba, por abajo, por los laterales o saliendo de sus cuerpos la banda comparte su imaginario del infierno con los presentes.
El teclista, Christian ‘Flake’ Lorenz, no para de hacer kilómetros durante el concierto subido en una cinta de correr como la de los gimnasios. Desde su posición es capaz de seguir el ritmo del grupo mientras camina. Además tuvo tiempo para sumergirse en el bullicio de la primeras filas. Lo hizo embarcándose en un bote hinchable y surcando las manos del público, que esta vez le sirvieron como olas.
Cantando el primer sencillo de su nuevo álbum, ‘Pussy’, el vocalista Till Lindemann se subió a un mecanismo con forma de pene que expulsaba espuma a los asistentes de las primeras filas.